Las dos ramas de la meditación budista: Samatha y Vipassana (serenidad y visión cabal)

Preliminar

En la enseñanza del Buda, con su característico rehuir de todo alarde y grandilocuencia, al tratar de meditación se evitan los términos excesivamente ambiciosos y se habla , modestamente, de bhavana, que quiere decir sencillamente "cultivo" o "desarrollo". Con lo que al mismo tiempo se identifica con precisión lo que se trata de hacer: cultivar y desarrollar las propias capacidades psicomentales para superar la insatisfactoriedad de la circunstancia interna y externa. Insatisfactoriedad que, recordémoslo, es a su vez consecuencia de una expectativa basada en una percepción incorrecta de la realidad. Este cultivo, o desarrollo, tiene pues esencialmente por objeto corregir esa percepción incorrecta, y su práctica comprende dos grandes ramas, denominadas respectivamente samatha y vipassana

Samatha

Samatha quiere decir "serenidad", "calma", "sosiego". La meditación samatha, o meditación de serenidad, persigue la realización de estados de conciencia que se caracterizan por un grado cada vez más elevado de serenidad y sosiego de la mente. Comprende dos factores, a saber: la consecución de un máximo grado de concentración mental, y el apaciguamiento concomitante de los procesos psicomentales. Ello se realiza mediante una concentración progresiva de la atención en la que la mente, replegándose sobre sí misma, va excluyendo todos los estímulos sensoriales y procesos mentales que se ofrecen a la conciencia. De este modo se va calmando el psiquismo todo del meditador, hasta llegar a una experiencia de puro vacío que es al mismo tiempo experiencia de puro ser. 

Se procede empezando por concentrar la mente en determinados objetos o temas de meditación, y pasando sistemáticamente por una serie de estados de abstracción (jhana) o absorción de la mente con progresiva suspensión de la percepción sensorial y de la actividad discursiva de la mente. En este proceso el meditador alcanza, durante el ejercicio, un alto grado de integración psicomental. 

Como puede verse, este tipo de meditación budista, que podríamos llamar meditación abstractiva, es muy comparable a las técnicas contemplativas de otras tradiciones. Da acceso a experiencias de unificación, totalidad y trascendencia que tienen, desde luego, gran valor intrínseco. Pero -y ahí entramos ya en el importantísimo hecho que nadie formuló nunca con tanta precisión como el Buda- la vigencia de estas experiencias se limita fundamentalmente al período de la abstracción misma. Ello no quiere decir que la meditación samatha sea una actividad que se desarrolla solamente en "circuito cerrado", sin relación significativa con la vida de todos los días. Efectivamente, es evidente que experiencias de esta clase, en las que la conciencia alcanza estados de serenidad y bienestar tan desusados que parecen increíbles al no enterado, no puede dejar de tener un efecto positivo sobre la mentalidad del meditador en general, con ls consiguientes beneficios que se manifestarán en su estado de ánimo, comportamiento y actitudes en la vida diaria.

Sin embargo, lo que los estados de abstracción de la meditación samatha no producen es la superación permanente de las estructuras psicomentales habituales, que es la que distingue la iluminación (bodhi) propiamente dicha, y constituye la liberación que es el nibbana (nirvana). En términos de la psicología occidental que se dedica actualmente al estudio de los aspectos de la experiencia humana, diríamos que lo que la meditación samatha hace es producir "estados alterados de la conciencia", de mayor o menor duración e intensidad, pero sin cambiar el carácter fundamental (es decir, las cualidades y características distintivas) de la misma. No produce lo que un importante estudioso de esta materia, Daniel Goleman, ha llamado "esa clase de transmutación de la apercepción que constituye un rasgo alterado de la conciencia, un cambio duradero que transforma cada momento (de la vida) del meditador". Para conseguir ese "cambio duradero", que es lo que la tradición llama iluminación o liberación, hay que pasar a la meditación vipassana, que es la característicamente budista. 

Vipassana

Vipassana significa, literalmente, "ver del todo", "ver a la perfección", o sea ver las cosas integralmente, cabalmente, tal y como son. Se ha traducido en distintas ocasiones por "visión penetrante", "visión interior profunda" o visión cabal. Nosotros utilizamos esta última expresión, que es la que nos parece plasmar mejor la idea de una visión exacta y completa. 

También en la meditación vipassana, o meditación de la visión cabal, se empieza por ejercicios de concentración, utilizando temas u objetos de meditación correspondientes, como en la samatha. La diferencia estriba enque, en este caso, una vez conseguido el grado de concentración suficiente para asegurar la integridad de la atención (la llamada "concentración de acceso", y manteniendo las facultades mentales en estado de máxima receptividad, el meditador pasa a examinar con concentrada atención y progresiva minuciosidad precisamente todos aquellos fenómenos sensoriales y procesos mentales que la meditación abstractiva excluye, comprendidos los que normalmente se desenvuelven a nivel subconsciente o inconsciente. Es, literalmente, una toma de conciencia de todos los fenómenos, que revela su esencial impermanencia (annica) y falta de entidad (anatta), es decir de "yo", personalidad o esencia perdurable. Se trata, en definitiva, de realizar la apercepción (o sea la percepción acompañada de atención consciente) total de la radical impermanencia de todos los fenómenos, apercepción que se extiende a las mismas estructuras psicomentales que la viven y, en consecuencia las trasciende vivencialmente. Esta vivencia es la visión cabal, o vipassana. 

Recapitulación

Éstas son -rápidamente a título introductorio- las dos grandes ramas de la meditación budista. En la antigua práctica tradicional, el meditador cultivaba normalmente ambos ejercicios: samatha para cultivar la capacidad de concentración y para serenar el ánimo, y vipassana para realizar la vivencia liberadora. Es natural que así fuese, puesto que es evidente que cuanto mejor sea la capacidad de concentración del meditador, y más serena y equilibrada tenga la mente, tanto más fácil y rápido será el progreso en la práctica de la visión cabal. 

Sin embargo, es importante tener muy presente que la meditación de serenidad (samatha) por sí sola no conduce, como ya dijimos, a un resultado duradero ni definitivo. Éste se consigue solamente con la visión cabal (vipassana), la cual puede muy bien cultivarse con sólo un mínimo razonable de concentración como punto de partida, sin necesidad ninguna de pasar por los distintos estados de abstracción (que entrañan además, por el mismo hecho de producir intensas satisfacciones, el peligro de acabar por convertirse en fines en sí mismos, en cuyo caso entorpecen, y pueden llegar a imposibilitar, el progreso en vez de facilitarlo). 

Es por esta razón que, en tiempos más recientes, y cada vez más frecuentemente en la actualidad, se manifiesta la tendencia a practicar la visión cabal pura, sin prepararla o acompañarla con meditación de serenidad. Esta tendencia se explica también por el ritmo y las exigencias de la vida moderna, que dejan más difícilmente tiempo y circunstancias favorables al ejercicio -generalmente más pausado y exigente de aislamiento y tranquilidad- de la meditación de serenidad. Sobre todo para el meditador que no es monje ni anacoreta sino que, como muchos de nosotros hoy día, tanto en Occidente como en Oriente, tratamos de compaginar la práctica meditativa con las múltiples exigencias personales, sociales y profesionales de la vida seglar. 

Tanto el hecho de que ambos tipos de meditación -serenidad y visión cabal- empiecen con ejercicios de concentración idénticos, como la similaridad entre la meditación budista de serenidad y las prácticas meditativas de otras tradiciones, han sido causa de muchas confusiones y errores (aún en círculos supuestamente entendidos) sobre que es en realidad la meditación budista, y cuáles son sus verdaderas características. No estará por lo tanto de más, antes de entrar en los capítulos siguientes en los detalles prácticos de ambas técnicas, recapitular, aun a costa de algo de repetición, las características esenciales de estas dos ramas de la meditación budista: serenidad y visión cabal. 

Empecemos por dejar bien claro que tanto samatha (meditación abstractiva de serenidad) como vipassana (meditación penetrativa de visión cabal) coinciden en ser métodos de cultivo de la atención. La diferencia fundamental entre ellas estriba en sus fines y efectos. En samatha se persigue la máxima intensidad de concentración de la atención, descartando uno tras otro los estímulos sensoriales y mentales que normalmente ocupan la mente para concentrar exclusivamente en la sola percepción, imagen o idea elegida como "objeto de meditación". Es como ir concentrando los rayos de luz de un haz luminoso en un punto focal cada vez más restringido y, en consecuencia, de más intenso brillo. Los altos grados de concentración y abstracción mental que así se consiguen representan estados alterados de conciencia, con características propias bien definidas, tales como las suspensión de las percepciones sensoriales, la interrupción de la actividad discursiva de la mente y sentimientos de gozo, felicidad, serenidad e inefable intuición. Se trata de estados de conciencia netamente distintos de los tres estados princiales de la conciencia corriente, según los distingue la psicología, es decir, los estados de vigilia, dormición y ensueño (actividad onírica), y que son incompatibles con éstos. Cuando uno está en uno u otro de los estados de abstracción (jhana), no está ni despierto, ni dormido, ni soñando; está funcionando en una modalidad sui generis

En vipassana, por el contrario, la concentración se cultiva sólo hasta alcanzar el grado suficiente para asegurar la integridad de la atención, sin distracciones. Entonces, con las facultades mentales es estado de receptividad imperturbada, se practica la apercepción continua e intensa de todos los fenómenos, internos y externos, con pleno, ininterrumpido y consciente ejercicio de todas las facultades mentales. Prosiguiendo con el símil anterior, podemos decir que aquí los rayos de luz no se concentran en un punto infinitamente pequeño sino que, formando un haz de luminosidad poderosa pero de campo más amplio, se desplazan según conviene para ir iluminando todo lo que está sucediendo. Al perseverar en él, este ejercicio se va convirtiendo en una experiencia, una vivencia, que no es un estado de conciencia intrínsecamente distinto de los habituales, sino una modificación de ellos, abriéndolos a una nueva dimensión, un nuevo modo de funcionar que modifica para siempre su carácter, pero sin restarles sus características distintivas. Es una verdadera reestructuración de la psique. El que vive la visión cabal de vipassana vive ya de otro modo -despierto, soñando y aún durmiendo- . Vive de una manera que, entre otras cosas, se caracteriza por el desprendimiento, el equilibrio psicomental, la actitud de disponibilidad,y la funcionalidad de pensamiento y acción. Es lo que una de las máximas autoridades de la moderna escuela de psicología transpersonal ha definido como estado superior de la conciencia. Es una verdadera transmutación de la conciencia, que le confiere rasgos nuevos e indelebles. Esta transmutación es la iluminación o liberación y, en su grado máximo, el nibbana (nirvana). Una advertencia: esta transmutación no es algo que se produce una sola vez, sino por fases sucesivas (aunque la transición de un a otra fase sea, de por sí, la instantánea culminación de un proceso preparatorio). Se trata de una reestructuración progresiva de la psique, que exige tiempo y perseverancia. Cosa más que natural si tenemos en cuenta lo mucho que hay por mejorar y rehacer en la mayoría de nosotros. 

Fuente: "La meditación budista" según las enseñanzas antiguas, de Amadeo Solé-Leris
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