La Atención Pura

Del libro "El corazón de la meditación budista" de Nyanaponika


Entre los dos factores de esta división (Atención Pura y Clara comprensión) es la Atención, en su aspecto específico de Atención Pura, la que nos da la clave del método del Satipatthana en toda su particularidad y la que acompaña su práctica sistemática desde el mismo principio hasta el logro de su más alta meta. Lo tratamos, por tanto, en primer lugar y con mayor detalle.
 
I. Atención Pura
 
¿Qué es la Atención Pura?
 
La Atención Pura es la consciencia clara y singularizada de lo que realmente nos sucede a nosotros y en nosotros en los sucesivos momentos de percepción. Se llama "pura" porque se ocupa precisamente de los hechos desnudos de la percepción; ya sean presentados a través de los cinco sentidos físicos, ya a través de la mente, que, para le pensamiento budista, constituye el sexto sentido. Cuando prestamos atención a esta séxtuple impresión sensorial, la atención se mantiene como un registro escueto de los hechos observados, sin reaccionar ante ellos por medio de actos, palabras o comentarios mentales que pueden ser autorreferencia (gusto - disgusto, etc.), juicio o reflexión. Si durante el tiempo, corto o largo, dedicado ala práctica de la Atención Pura, surge en la mente cualquier tipo de comentario, se le hace inmediatamente objeto de Atención Pura, y no repudiado ni perseguido, sino que se le desecha tras haber hecho una breve reseña mental de él.
 
Esto es de momento suficiente para indicar el principio general que sirve de base a la práctica de la Atención Pura. En las páginas siguientes nos ocuparemos del significado teórico y práctico de la Atención Pura y de los resultados que pueden esperarse de su aplicación. Se estima aconsejable explicar más detalladamente esta cuestión, de manera que aquellos que deseen emprender una práctica, que a algunos puede parecerles desusada, puedan comenzar con alguna confianza en su eficacia y habiendo comprendido su propósito. Sin embargo, es sólo a través de la propia experiencia personal, adquirida en el curso de la práctica constante, que esa confianza y comprensión inicial encontrará una indudable confirmación final.
 
Minuciosidad
 
Todo esfuerzo, cuyo resultado merezca la pena, requiere minuciosidad para alcanzar su propósito, especialmente si el trabajo es tan noble y árduo como el proyectado por el Buda en el Noble Óctuple Sendero que conduce a la Extinción del Sufrimiento. De los ocho factores de ese Sendero es la Recta Atención la que representa ese elemento indispensable de minuciosidad, aunque la Recta Atención ofrezca además muchos otros aspectos. Una de las cualidades atribuidas a la Recta Atención en las escrituras budistas es la llamada "no superficialidad", que es, desde luego, la forma negativa de expresar nuestro término positivo de "minuciosidad".
 
Es obvio que la misma práctica de la Recta Atención tendrá que emplear el máximo grado de minuciosidad en su propia aplicación. La falta de minuciosidad o su negligencia sería precisamente lo opuesto de una cualidad que merezca el nombre de Atención y privaría al método de sus posibilidades de éxito. De la misma manera que una base inestable y colocada descuidadamente tendrá inevitablemente consecuencias perjudiciales, los beneficios de una base sólida y firme se prolongarán hasta un futuro lejano.
 
Por tanto, la Recta Atención tiene que comenzar por el principio. El empleo del método de la Atención Pura nos regresa al estado seminal de las cosas. Cuando lo aplicamos a la actividad de la mente significa que la observación revierte a la primerísima fase del proceso de percepción, cuando la mente está todavía en un estado puramente receptivo y cuando la atención se limita a un simple apercibimiento del objeto. Esta fase tiene una duración muy corta y apenas perceptible y, tal y como hemos dicho, proporciona una imagen superficial, incompleta y a menudo defectuosa del objeto. El corregir y suplementar esa primera impresión es labor de la siguiente fase perceptual, pero no siempre sucede así. A menudo la primera impresión se da por sentada e incluso se añaden nuevas distorsiones, características de las funciones mentales más complejas de la segunda fase.

Aquí es donde comienza el trabajo de la Atención Pura: consolidar y cultivar deliberadamente ese primer estado receptivo de la mente, dándole una mayor oportunidad para realizar su importante tarea en el proceso de cognición. La Atención Pura confirma la minuciosidad de su procedimiento limpiando y preparando cuidadosamente el terreno para todo el proceso mental subsiguiente. Con esta función de limpieza cumple el alto propósito de todo el Método expuesto en el discurso: "para la purificación de los seres...", lo cual en el Comentario se explica como la purificación o limpieza de la mente.

Obtención del objeto puro

La Atención Pura consiste en un escueto y exacto registro del objeto. No es una tarea tan fácil como parece, dado que no es lo que habitualmente hacemos, excepto cuando estamos entregados a una investigación desinteresada. Al hombre, normalmente, no le interesa el conocimiento desinteresado de las "cosas tal y como verdaderamente son", sino su "manejo", juzgándolas desde el punto de vista de su propio interés, que puede ser amplio o estrecho, elevado o bajo. Pega etiquetas a las cosas que forman su universo físico y mental, y estas etiquetas, en su mayor parte, muestran claramente la impronta de su autointerés y su visión limitada. Es en semejante montaje de etiquetas en el que generalmente vive el hombre y éste es el que determina sus acciones y reacciones.

De aquí la actitud de Atención Pura y libre de etiquetas abrirá al hombre un nuevo mundo. Primero se dará cuenta de que, donde él creía enfrentarse con una unidad, o sea con un objeto singular y presentado por un acto original de percepción, hay, de hecho, una multiplicidad; a saber, toda una serie de procesos físicos y mentales distintos, presentados por los correspondientes actos de percepción, que se siguen los unos a los otros en rápida sucesión. Notará además, con consternación, cuán raramente es consciente de un objeto desnudo o puro, sin ningún aditamento extraño. Por ejemplo, la percepción visual normal, si es de algún interés para el observador, raramente presentará el objeto visual puro y simple, sino que el objeto aparecerá a la luz de juicios subjetivos añadidos, tales como: bonito o feo, agradable o desagradable, útil, inútil o dañino. Si concierne a un ser viviente entrará también en juego la noción preconcebida de: "esto es una personalidad, un Ego, justo como "yo" lo soy también".

Es en este estado, esto es íntimamente entrelazado con adiciones subjetivas, en el que la percepción se instalará en el almacén de la memoria y, cuando al ser de nuevo extraída por el pensamiento asociativo, ejercerá su influencia deformante también sobre percepciones futuras de objetos similares, así como sobre los juicios, decisiones, estados de ánimo, etc. conectados con ellas.

La labor de la Atención Pura es eliminar todos estos aditamentos extraños al propio objeto que esté, en ese momento, en el campo de la percepción. Estas añadiduras, si se desea, pueden ser consideradas individualmente más adelante, pero el objeto inicial de la percepción tiene que estar libre de ellas. Esto exigirá una práctica constante durante la cual la atención, aumentando gradualmente su penetración, usará, como si dijéramos, tamices cada vez más finos a través de los cuales se cribarán los añadidos, primero los más groseros y luego los más sutiles, hasta que sólo quede el objeto puro.

La necesidad de tan exacta definición y delimitación del objeto se enfatiza en el mismo Satipatthana sutta, al mencionar con regularidad dos veces el respectivo objeto de atención mental, por ejemplo: "El medita contemplando el cuerpo en el cuerpo" y no, por ejemplo, sus sentimientos o las ideas acerca de él, como explica expresamente el Comentario. Tomemos el ejemplo de una persona que mira una herida en su antebrazo: en este caso, el objeto visual concreto consistirá exclusivamente en la respectiva parte del cuerpo y en el estado de daño en que se encuentra. Sus diferentes características, tales como carne, sangre, pus, etc., serán objetos de la "Contemplación del Cuerpo", en particular del ejercicio concerniente a las "Partes del Cuerpo". El dolor debido a la herida será objeto de la "Contemplación de las Sensaciones". La noción más o menos consciente que se tenga de un Ego, de un ser que está herido y sufre un dolor, caerá dentro del campo de la "Contemplación del Estado de la Mente" ("mente engañada") o bajo la "Contemplación del Contenido Mental" acerca de las "Ataduras" que surgen a través del contacto corporal (ver en el Discurso la sección dedicada a las Bases Sensoriales). El rencor que uno puede sentir (aparentemente en ese mismo momento) contra la persona que causó el mal, pertenece a la "Contemplación del Estado de la Mente" ("mente con odio") o a la "Contemplación del Contenido Mental" (el obstáculo de la ira). Este ejemplo es suficiente para ilustrar el proceso tamizante, del que se encarga la Atención Pura.

La enorme importancia de lograr el objeto puro fue acentuada por el mismo Buda. Cuando un monje le pidió un breve consejo que le sirviera de guía, el Maestro le dio la siguiente regla práctica:

"En lo que se ve debe haber solamente lo visto; en lo que se oye, solamente lo oído; en lo que se siente (olor, gusto, tacto), solamente lo sentido; en lo que se piensa, solamente lo pensado." (Udana I, 10)

Este breve pero importante mensaje del Maestro debe servir como guía y compañero para quien se dedique a la práctica de la Atención Pura.




 
 

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