El entrenamiento de la sabiduría

Ni sila ni samadhi son enseñanzas exclusivas del Buda. Ambas eran bien conocidas y practicadas antes de su iluminación, y de hecho, el futuro Buda; mientras buscaba el camino de la liberación, fue entrenado en samadhi por dos maestros con los que estudió. Al dar esos adiestramientos, el Buda no se diferencia de los maestros de las religiones convencionales. Todas las religiones insisten en la necesidad de un comportamiento ético, y también ofrecen la posibilidad de obtener estados de beatitud; ya sea por medio de oraciones, rituales, ayunos y otras formas de austeridad; o por diversos sistemas de meditación. La meta de dichas prácticas no es otra que un estado de absorción mental profunda. En eso consiste el "éxtasis" experimentado por los místicos religiosos. 

Dicha concentración es muy provechosa, incluso aunque no se desarrolle hasta el grado de alcanzar los estados de trance; ayuda a calmar la mente al desviar la atención de las situaciones, en las que de otra manera se reaccionaría con deseo y aversión. Contar lentamente hasta diez para evitar un estallido de ira, es una forma rudimentaria de samadhi. Otras formas, quizá más obvias, consisten en repetir una palabra o un mantra; o concentrarse en un objeto visual, y todas ellas funcionan. Cuando la atención se ha direccionado a un objeto diferente, la mente aparenta estar calmada y en paz. 

Sin embargo, la calma que se obtiene por medio de estos sistemas no es una verdadera liberación. No hay duda de que la práctica de la concentración otorga grandes beneficios, pero sólo actúa en el nivel consciente de la mente. El Buda constató la existencia de la mente inconsciente, a la que llamó anusaya; casi veinticinco siglos antes de la invención de la psicología moderna. Él vió que desviar la atención, es una forma de manejar con eficacia  el deseo y la aversión en el nivel consciente, pero que en realidad no los elimina; sino que los empuja a lo más profundo del inconsciente, donde siguen siendo tan peligrosos como siempre, aunque estén en estado latente. Puede que haya una capa de paz y armonía en la superficie de la mente, pero en las profundidades, hay un volcán dormido de negatividades reprimidas, que hará violenta erupción tarde o temprano. El Buda dijo: 

"Si las raíces permanecen intactas y firmes en la tierra, 
un árbol talado todavía puede echar brotes nuevos. 
Si el hábito subyacente de deseo y aversión no es erradicado, 
el sufrimiento surge de nuevo, una y otra vez".

Mientras los condicionamientos sigan arraigados en la mente inconsciente, echarán nuevos brotes a la primera oportunidad, ocasionando sufrimiento. Por esta razón, el futuro Buda sabía que no había logrado la liberación, incluso después de haber alcanzado los estados más elevados posibles con la práctica de la concentración; y decidió que debía continuar su búsqueda de un camino que dejara atrás el sufrimiento, y llevara a la felicidad. 

Vió que había dos alternativas. La primera es la vía de la autoindulgencia, de la autoconcesión de licencia libre para buscar la satisfacción de todos los deseos; éste es el camino mundano que sigue la mayor parte de la gente, se den cuenta de ello o no. Pero él vio claramente que no podía llevar a la felicidad. No existe nadie cuyos deseos sean siempre satisfechos, nadie en cuya vida sólo suceda aquello que desea, y no suceda nunca aquello que no desea. La gente que sigue este camino padece inevitablemente cuando no consigue lo que ansía, es decir, sufre desagrado e insatisfacción; pero sufre igualmente cuando alcanza sus deseos, sufre por miedo a que el objeto deseado se desvanezca, a que el momento de gratificación sea transitorio, como en efecto será. Tales personas siempre están agitadas al buscar, al obtener y al perder sus objetos deseados. El futuro Buda había experimentado este sendero antes de abandonar la vida mundana, para convertirse en un recluso, y por tanto, sabía que ese no era el camino que llevaba a la paz. 

La otra alternativa es el camino de la automortificación, abstenerse deliberadamente de la satisfacción de los deseos. Hace 2500 años, este camino de renuncia era llevado a cabo en la India hasta el extremo de evitar toda experiencia agradable, e inflingirse en uno mismo las desagradables. 

La razón de este autocastigo, era el creer que así se curaría el hábito de tener deseo y aversión y, por tanto, se purificaría la mente. La práctica de tales austeridades es un fenómeno común en la vida religiosa en todo el mundo. El futuro Buda había experimentado también este camino durante los años que siguieron a la adopción de una vida sin hogar. Había tratado diferentes prácticas ascéticas, hasta el punto de que su cuerpo quedó reducido a la piel y los huesos; pero aún así, vió que no estaba liberado. Mortificar el cuerpo no purifica la mente. 

No es necesario llevar la renuncia hasta ese extremo. Se puede practicar de forma más moderada, absteniéndose de gratificar aquellos deseos que impliquen acciones perjudiciales. Esta forma de autocontrol, parece mucho más preferible a la autoindulgencia; puesto que al practicarla, se evitan al menos las acciones inmorales. Pero si la renuncia sólo se logra a fuerza de represión, es seguro que las tensiones mentales aumentarán hasta llegar a un grado peligroso. Todos los deseos reprimidos se acumularán como agua desbordándose en el dique de la autodenegación. El dique reventará algún día y provocará una inundación muy peligrosa. 

No  podemos estar seguros o en paz mientras la mente siga llena de condicionamientos. Aún siendo sila tan beneficiosa como es, no puede mantenerse por la sola fuerza de voluntad. El desarrollo de samadhi ayudará, pero no es más que una solución parcial, que no llegará a las profundidades de la mente; que es donde yacen las raíces del problema, las raíces de las impurezas. Mientras estas raíces estén enterradas en el inconsciente, no podrá haber felicidad real y duradera, no podrá haber liberación. 

Para eliminar las raíces, se necesita un método que nos permita penetrar en las profundidades de la mente, para erradicar las impurezas allí donde se originan. Este método es el hallazgo del Buda: el entrenamiento de la sabiduría o pañña, que le llevó a la iluminación. También se llama Vipassana-bhavana, el desarrollo de la propia naturaleza, visión cabal; con la que podemos reconocer y eliminar las causas del sufrimiento. Éste fue el descubrimiento del Buda, lo que practicó para su propia liberación, y lo que enseñó durante el resto de su vida. Esto es lo que constituye un elemento único de sus enseñanzas y al que otorgó máxima importancia. Dijo en repetidas ocasiones:

"Si está sustentada por la moralidad, la concentración es muy fructífera, muy beneficiosa. Si está sustentada por la concentración, la sabiduría es muy fructífera, muy beneficiosa. Si está sustentada por la sabiduría, la mente se libera de toda corrupción".

Moralidad y concentración -sila y samadhi son valiosas por sí mismas, pero su verdadero propósito es conducir a la sabiduría. Sólo desarrollando pañña, encontraremos un auténtico camino medio entre los extremos de la autoindulgencia y la autorepresión. Practicando moralidad, evitamos las acciones que causan las formas más burdas de agitación mental. Concentrando la mente, la calmamos y al mismo tiempo la convertimos en una herramienta eficaz con la que abordar el camino de la autoinvestigación; pero penetraremos en la realidad interna, y nos liberaremos de toda ignorancia y apego, sólo si desarrollamos la sabiduría.

El entrenamiento de la sabiduría contiene dos delas partes del Noble Sendero Óctuple: Recto Pensamiento y Recta Comprensión. 

Recto Pensamiento


No es necesario que todos los pensamientos cesen durante la meditación antes de empezar a practicar Vipassana-bhavana. Para empezar a trabajar, es suficiente con mantener la consciencia en todo momento, aunque persistan los pensamientos. Los pensamientos seguirán existiendo, pero cambiará su naturaleza. La aversión y el deseo se han calmado a través de la atención a la respiración, la mente está tranquila, al menos en la superficie; y ha comenzado a pensar en el Dhamma, en la forma de salir del sufrimiento. Las dificultades que surgieron al iniciar la atención en la respiración han cesado, o al menos, han sido superadas hasta cierto punto. Se está preparado para el paso siguiente: la Recta Comprensión. 

Recta Comprensión
La Recta Comprensión es lo que constituye la verdadera sabiduría. No basta con pensar en la verdad, debemos comprenderla por nosotros mismos, debemos ver las cosas tal y como son, no como parecen ser. La verdad aparente es una realidad, pero es una realidad en la que tenemos que profundizar, con el fin de experimentar la realidad última concerniente a nosotros mismos, y eliminar el sufrimiento. 

Hay tres clases de sabiduría: La sabiduría recibida (suta-maya-pañña), la sabiduría intelectual (cinta-maya-pañña) y la sabiduría experimentada (bhavana-maya-pañña).

El significado literal de la frase suta-maya-pañña es "sabiduría oída", sabiduría aprendida de otros, por ejemplo -leyendo libros, escuchando sermones o conferencias. Es la sabiduría de otra persona y que decidimos adoptar como propia. Esta aceptación puede ser debida a la ignorancia; por ejemplo, una persona que se haya educado en una comunidad con una determinada ideología, un sistema de creencias religiosas o de otra clase; puede aceptarla sin cuestionarse la ideología de la comunidad. 

La aceptación puede estar también producida por la codicia; los dirigentes de la comunidad pueden afirmar que la aceptación de la ideología establecida, las creencias tradicionales, garantizan un futuro maravilloso; quizá proclamen que todos los creyentes irán al cielo tras su muerte. Como es natural, la gloria eterna resulta muy atractiva y se acepta de buena gana. La aceptación también puede estar motivada por el miedo. Es posible que los dirigentes vean que la gente tiene dudas y cuestionan la ideología de la comunidad; así pues, les advierten que han de ajustarse a las creencias comúnmente arraigadas, amenazándoles con terribles castigos para el futuro si no se ajustan a ellas; y proclamando quizá que los no creyentes irán al infierno tras la muerte. Como es natural, nadie quiere ir al infierno, de modo que se tragan sus dudas y aceptan las creencias de la comunidad. 

En cualquier caso, la sabiduría recibida, ya sea aceptada por fe ciega, por codicia o por miedo, no es sabiduría propia, no ha sido adquirida por uno mismo, es una sabiduría prestada.

El segundo tipo de sabiduría es la comprensión intelectual. Tras oír o leer una determinada enseñanza, se la toma en consideración y se examina si verdaderamente es razonable, beneficiosa y práctica; y si en el nivel intelectual resulta satisfactoria, es tenida por verdadera. Pero tampoco es un talento propio, sino únicamente una intelectualización de la sabiduría que se ha oído. 

El tercer tipo de sabiduría es la que surge de la propia experiencia, de la comprensión personal de la verdad. Ésta es la sabiduría que se vive, la sabiduría real que traerá un verdadero cambio a la vida, transformando la naturaleza misma de la mente. 

La sabiduría empírica no es imprescindible, ni siempre aconsejable en asuntos mundanos. Es suficiente con aceptar el aviso de que el fuego es peligroso, o confirmar el hecho por deducción. Es temerario empeñarse en lanzarse al fuego, antes de aceptar que quema. No obstante, la sabiduría que surge de la experiencia es esencial en el Dhamma, puesto que es lo único que nos ofrece la posibilidad de librarnos de los condicionamientos. 

La sabiduría adquirida escuchando a otros, y la sabiduría adquirida por medio de la investigación intelectual, son útiles si nos inspiran y nos sirven de guía para avanzar hacia el tercer tipo de pañña, la sabiduría experimentada. Pero si nos quedamos satisfechos con la sabiduría recibida sin cuestionarla, se convierte en una forma de atadura, en una barrera que nos impide obtener lacomprensión que da la experiencia. Del mismo modo, si nos quedamos contentos nada más que contemplando, investigando y comprendiendo intelectualmente la verdad; pero sin realizar ningún esfuerzo para tener una experiencia directa de ella, toda nuestra comprensión intelectual se convierte en una traba, en vez de una ayuda para la liberación. 

Cada uno debe vivenciar la verdad con su experiencia directa, con la práctica de bhavana, porque es sólo esta experiencia vivencial la que liberará la mente. La comprensión de la verdad de alguien más no puede liberarnos. Hasta la misma iluminación del Buda tan sólo pudo liberar a una persona, a Siddhattha Gotama. La auto-realización de otra persona puede, como máximo, servir a otros de inspiración, ofrecerles unas pautas a seguir, pero no hay más remedio que hacer el trabajo uno mismo. 

Como dijo Buda:

"Teneis que hacer vuestro propio trabajo; aquellos que han llegado a la meta, sólo pueden mostrar el camino".

La verdad sólo puede ser vivida y experimentada directamente dentro de uno mismo. Todo lo que está fuera queda siempre muy lejano. Sólo podemos tener una experiencia de la realidad verdadera, directa y viva en nuestro interior. 

Los dos primeros tipos de sabiduría no son peculiares de la enseñanza del Buda, ambos existían antes de él, y había quien pretendía enseñar lo mismo que él enseñaba incluso en su tiempo. La contribución única del Buda al mundo, fue un sistema para experimentar la verdad personalmente y desarrollar así, una sabiduría empírica, bhavana-maya-pañña. El sistema mencionado para obtener una realización directa de la verdad, es la técnica de vipassana-bhavana. 

Extracto del libro "El Arte de Vivir" de William Hart

2 comentarios:

  1. Una interpretacion hollywoodiana del despertar del Bendito. Como todas las películas, muy bonita, pero lejos de la realidad
    ¿Tan difícil es leer su propio relato?
    MN 85

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  2. Muchas gracias no existe ningún ser igual al otro Namaste

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