Valor de la Atención Pura para conocer la mente

Extracto de "El corazón de la meditación budista" de Nyanaponika

La Atención Pura tiene el mismo triple valor que atribuimos anteriormente a la Doctrina de la Mente del Buda y a la Recta Atención en general: será de gran y eficiente ayuda para conocer, forma y liberar la mente.

1. Valor de la Atención Pura para conocer la mente
La mente es el elemento en el cual y, a través del cual, vivimos. Y a pesar de todo es lo que nos es más esquivo y misterioso. La Atención Pura, sin embargo, al prestar paciente atención a los hechos básicos del proceso mental, es capaz de iluminar la misteriosa oscuridad de la mente y aprehender firmemente su huidizo flujo. La práctica sistemática de la Atención, empezando con la Atención Pura, proporcionará todo el conocimiento de la mente que es esencial para fines prácticos, o sea para el dominio, desarrollo y liberación final de la mente. Pero aún más allá de esa esfera de acción intrínsecamente práctica del método del Satipatthana: una vez que una clara consciencia y comprensión se hayan establecido firmemente en un sector, limitado pero vital, de la mente, la luz se esparcirá gradual y naturalmente y alcanzará incluso los rincones más oscuros y distantes del reino de la mente que hasta aquel momento habían sido inaccesibles. Esto se deberá principalmente al hecho de que el instrumento mismo de esa investigación para lograr el conocimiento habrá sufrido un cambio radical: la mente que indaga, al hacerlo así, habrá ido ganando en lucidez y fuerza de penetración.

"Solo las cosas bien examinadas por la Atención pueden ser comprendidas por la Sabiduría, mas no las confusas" (com. al Sutta Nipata). Un espécimen de investigación que va a ser examinado con la ayuda de un microscopio tiene que ser, primero, cuidadosamente preparado, limpiado, desembarazado de materias extrañas y firmemente sujeto bajo la lente. De forma similar, el "objeto puro" que va a ser examinado por la Sabiduría tiene que estar preparado por la Atención Pura. Ella limpia el objeto de investigación de las impurezas de los prejuicios y la pasión, ella lo libera de adiciones extrañas y de puntos de vista que no le pertenecen; le mantiene firmemente sujeto ante el Ojo de la Sabiduría, ralentizando la transición que va de la fase receptiva a la activa del proceso perceptual o cognoscitivo, proporcionándonos con ello una oportunidad enormemente mejorada para una investigación concienzuda y desapasionada.

Este trabajo preliminar de la Atención Pura no sólo tiene importancia para el análisis, es decir, para la función discriminadora y disectora de la mente por la que se revelan los elementos que componen el objeto, sino que también es de gran ayuda para la igualmente importante síntesis, es decir, para encontrar las conexiones y relaciones del objeto con otras cosas, su interacción con ellas y su naturaleza condicionada y condicionante. Muchas de estas cosas pasarán desapercibidas si el período de Atención Pura no es lo suficientemente largo. Debe mantenerse siempre en mente, como una máxima de gran importancia y de variadas aplicaciones, también a efectos prácticos, que la relación entre las cosas sólo puede averiguarse fidedignamente si los elementos individuales de esa relación han sido previamente examinados con cuidado en sus variados aspectos, los cuales señalan las diversas conexiones. La preparación analítica insuficiente es una frecuente fuente de errores en la parte sintética de los sistemas filosóficos y las teorías científicas. Y es preparación, justamente, la que atiende cuidadosamente y remedia el método de la Atención Pura. Sus consecuencias sobre la práctica espiritual, se harán mas claras. 

La Atención Pura deja que las cosas hablen primero por si mismas, sin la interrupción de veredictos definitivos pronunciados con excesiva precipitación. La Atención Pura les da la oportunidad de terminar de hablar y así aprendemos que, en efecto, tenían mucho que decir acerca de sí mismas, de lo que habíamos hecho caso omiso hasta entonces, principalmente por la precipitación o bien porque quedaba ahogado por el ruido interior y exterior en el que se desenvuelve el hombre ordinario. Porque la Atención Pura ve las cosas sin el efecto constrictor y uniformante de los juicios habituales, las ve siempre de nuevo, como si fuera la primera vez; por tanto, sucederá cada vez con mayor frecuencia que las cosas tendrán algo que revelar, nuevo y digno de ser tomado en consideración. La paciente permanencia en tal actitud de Atención Pura abrirá anchos horizontes a la propia comprensión, obteniendo así, aparentemente sin esfuerzo, resultados que habían sido negados a los esfuerzos excesivos de un intelecto impaciente. Este precipitado o habitual limitar, etiquetar, juzgar erróneamente y manejar mal las cosas, hace que a menudo permanezcan cerradas importantes fuentes de conocimiento. Los hombres de Occidente, en particular, tendrán que aprender del Este a mantener la mente en un estado receptivo, pero intensamente observador, con mayor frecuencia y durante mayor tiempo; la actitud mental cultivada por los científicos y los investigadores, que debe llegar a ser patrimonio común. Esta actitud de Atención Pura demostrará ser, con la práctica constante, una rica fuente de conocimiento e inspiración. 

Ahora bien, ¿cuáles son, en particular, los resultados que se pueden observar a través de la Atención Pura en términos de conocimiento? Mencionaremos aquí sólo aquellos que son de importancia primordial. Debe dejarse a la "experiencia del viaje" de cada uno por el Camino de la Atención, el vindicar, elaborar y suplementar lo que aquí se dice en breve. 

Y aunque ya se ha dicho, lo repetimos ahora a causa de su importancia fundamental: a la luz de la Atención Pura, el acto de percepción aparentemente uniforme aparecerá, con creciente claridad, como una secuencia de fases numerosas y diferenciadas individualmente que se siguen las unas a las otras en rápida sucesión. Esta observación básica revelará gradualmente su inherente riqueza de hechos singularizados y las amplias repercusiones de los mismos. Demostrará que es una observación verdaderamente científica en el sentido literal de la palabra, es decir, "productora de conocimiento". Mostrará, por ejemplo, la diferenciación básica del proceso conceptual: la presentación de los datos sensoriales relativamente puros y la fase subsiguiente de su interpretación y evaluación. Este conocimiento psicológico es antiguo para los budistas, se remonta a los discursos del propio Maestro y fue luego elaborado en los libros y comentarios del Abhidhamma. La distinción entre los "hechos escuetos del caso" y la actitud hacia ellos tiene, aparte de su importancia científica (productora de conocimiento), una significación práctica de ancha repercusión: establece el primer punto, es decir, el más prometedor, a partir del cual podemos determinar el desarrollo posterior de la situación dada en cuanto depende de nuestra actitud hacia ella.

Al practicar la Atención Pura, el primer impacto fuerte que recibirá la mente del observador será probablemente la confrontación directa con el factor constante del Cambio. En términos del Dhamma, la Impermanencia (anicca) es la primera de las tres Características del Dhamma: la secuencia incesante de nacimientos y muertes individuales de los acontecimientos que, observada por la Atención Pura, será una experiencia de creciente intensidad y tendrá consecuencias decisivas para el progreso de la meditación. De esta misma experiencia de cambio a cada momento emergerá a su debido tiempo la consciencia directa de las otras dos Características de la Existencia: Dolor (Sufrimiento, Insatisfacción, dukkha) e Impersonalidad (anatta). 

Aunque el hecho del Cambio es comúnmente admitido, al menos hasta cierto punto, en la vida ordinaria la gente se da cuenta de él sólo cuando les provoca con bastante violencia, o, la mayoría de las veces, desagradablemente. Sin embargo, la práctica de la Atención Pura nos hará comprender a la fuerza que el Cambio está siempre en nosotros, que incluso en una mínima fracción de tiempo la frecuencia con la que ocurren los cambios escapa a nuestro conocimiento. Es así que, probablemente, por primera vez, nos percataremos, no sólo intelectualmente, sino de forma que afecta a todo nuestro ser, de la clase de mundo en que realmente vivimos. Encarándonos con el Cambio, como algo experimentado vivamente en cuerpo y mente, habremos empezado a "ver las cosas como realmente son". Esto se refiere en particular a las "cosas de la mente". La mente no puede ser comprendida sin reconocerla como un flujo y permanecer conscientes de este hecho en todas las investigaciones encaminadas al conocimiento de la mente: es el mostrar el hecho del Cambio y su naturaleza en el proceso mental. El hecho del Cambio contribuirá al conocimiento de las mentes de una manera negativa al excluir cualquier concepción estática de lo que es la mente, como suponer que hay entidades permanentes, cualidades fijas, etc. La visión cabal de la naturaleza del Cambio será una contribución positiva, aportando una riqueza de información detallada sobre la naturaleza dinámica del proceso mental. 

A la luz de la Atención Pura centrada en la percepción sensorial se verá con mayor claridad la índole característica de los procesos materiales y mentales, su interrelación y sus alteraciones y también la función básica de "objetización" de la mente. 

Al hablar de "objetización" (tener como objeto, tomar como objeto) y de los procesos materiales y mentales, lo hacemos solamente para nuestros propósitos prácticos de análisis. Estos términos no quieren expresar ninguna advocación de un dualismo sujeto-objeto y mente-materia. No propugnamos tampoco un monismo de Sólo Mente o Sólo Materia. La Enseñanza Media del Buda del Origen Condicional (paticca-samuppada) de las cosas trasciende todo concepto de monismo, pluralismo o dualismo. En un mundo de condicionalidad, relatividad y flujo, tal y como se experimenta directamente con la práctica de la Atención Pura, estas rígidas nociones aparecerán en seguida como totalmente incongruentes. 

Respecto a esas antiguas actitudes filosóficas que acabamos de mencionar, necesitamos señalar que tanto la experiencia común del escrutinio penetrante nos muestra diferencias tanto en el proceso como en el contenido de la cognición, que son lo suficientemente acusadas como para justificar el uso pragmático de los tradicionales pares de opuestos sujeto-objeto y mente-materia. 

Después de haber adquirido, mediante la práctica de la Atención Pura, experiencia suficientemente amplia y profunda de lo que sucede en la mente, el meditador tendrá la seguridad inmediata de que la mente no es nada fuera de su función cognoscitiva. En ninguna parte, ni detrás ni dentro de esa función, puede detectarse un agente individual o una entidad permanente. Por propia y directa experiencia, uno habrá llegado así a la gran verdad de la No-alma o Impersonalidad (anatta, anatma en sánscrito) que muestra que toda la existencia está vacía de una personalidad permanente (yo, alma, super-yo, etc) o de una substancia permanente de cualquier tipo. Esa única y revolucionaria enseñanza del Anatta puede igualmente ser muy "productora de conocimiento" para la psicología moderna, gracias a su fuerte impacto sobre las raíces y las ramificaciones de la ciencia de la mente. No podemos entrar aquí en detalles de lo que ello implica, que será, desde luego, evidente para el estudioso de este campo de conocimiento. Al decir que el Anatta es una doctrina única queríamos distinguirla de lo que en Occidente se conoce como "psicología sin psique", que es principalmente de matiz materialista y que es a veces llamada, con cierto tono de desaprobación, "sin alma". Sin embargo, la psicología budista no es materialista en el sentido filosófico ni en el ético de la palabra. El verdadero significado filosófico y ético de la doctrina del No-yo, así como su "tono emocional" no pueden comprenderse plenamente más que en el contexto de la totalidad de la doctrina budista, no aisladamente. 

Por otra parte, la Atención Pura aportará informaciones sorprendentes y además útiles acerca del funcionamiento de la propia mente: el mecanismo de las emociones y de las pasiones, el grado de confianza que uno puede tener en la facultad racional, los motivos verdaderos y los aparentes de nuestras acciones y otros muchos aspectos de la vida mental. Se hará una luz muy clara sobre nuestros puntos débiles y también sobre los fuertes, y se adquirirá consciencia por vez primera de algunos de ellos. 

Este método de la Atención Pura, tan valioso para conocer la mente y, a través de ella, el mundo, concuerda con el procedimiento y la actitud del verdadero científico y erudito: definición clara de la materia que se estudia y de los términos empleados; receptividad sin prejuicios de la enseñanza que emana de las cosas mismas; exclusión, o al menos reducción, del factor subjetivo al enjuiciar, y posposición del juicio hasta haber hecho un examen cuidadoso de los hechos. Este espíritu genuino del trabajo de investigación unirá siempre al Buda-Dhamma con la verdadera ciencia, aunque no necesariamente con todas las teorías del día. Pero el propósito del Buda-Dhamma no es el mismo que el de la ciencia profana, que se limita al descubrimiento y explicación de los hechos. La doctrina de la mente del Buda, en cambio, no se limita al conocimiento teórico de la mente, sino que aspira a formar la mente y, por este conducto, la vida. En este aspecto, sin embargo, concuerda con la rama de la psicología moderna que se dedica a la aplicación práctica del conocimiento teórico de la mente. 

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